El Sitio
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Avenidas del Guadalquivir

Las grandes avenidas del Guadalquivir y los cambios realizados en el cauce del río

Antecedentes

Aunque ya ni nos acordemos de las grandes inundaciones, la última que afectó seriamente el casco urbano fue hace cerca de 60 años, su incertidumbre afectó y condicionó siempre la vida de los sevillanos, porque se  presentaban cíclicamente con mayor o menor intensidad, y aleatoriamente de forma catastrófica.

 

Crecida del Guadalquivir de 1947.

 

Las grandes crecidas o "avenidas del Guadalquivir", han sido el azote de Sevilla y la mayor preocupación de sus mandatarios durante siglos, pero sus decisiones no siempre fueron acertadas.

A pesar de la historia, y coincidiendo con un ciclo en el que se sucedieron graves inundaciones, en la segunda mitad del XIX se decidió derribar la mayor parte de las murallas, que era la única protección que tenía entonces la ciudad. Frente a las grandes riadas, la población se refugiaba en su recinto amurallado, cerrando y protegiendo puertas y desagües para evitar la entrada de agua, hasta que el nivel exterior volvía a su cauce. Mientras tanto, se abastecían por el camino más elevado de Alcalá de Guadaira. Los arrabales extramuros, como San Bernardo, la Calzada, el Arenal o Triana, quedaban siempre desprotegidos, tras la pérdida del recinto amurallado, toda la ciudad quedó expuesta.

En cualquier caso, con la rápida expansión de la ciudad en el siglo XX, había que buscar nuevas formas de defensa que ofreciera protección al conjunto de los barrios de la ciudad, y no sería fácil ni barato. Sólo gracias a las dos grandes Exposiciones celebradas en Sevilla en 1929 y 1992, se pudo conseguir la inversión necesaria. 

 

E1. Imágenes de inundaciones de Sevilla. Izquierda, el puente de San Telmo en 1947, y diversas instantáneas de la Torre del Oro y el Muelle de la Sal en 1947, 1900 y 1924. A la derecha otros sitios de la ciudad, como la Alameda de Hércules en 1947 y 1936,  la Estación de San Bernardo en 1961, o el campo del Betis en 1948 tras el desbordamiento del Tamarguillo.

 

Motivos de las inundaciones

Sevilla, a orillas del río Guadalquivir, se encuentra sólo a 7m de altura de media sobre el nivel del mar, 4m en la Alameda de Hércules, y es la única ciudad española de interior con puerto, con una distancia antigua de navegación hasta el mar de 124km, reducida a 79km tras las obras realizadas en su cauce durante cerca de 200 años (1795 a 1982).

 

La nula pendiente del bajo Guadalquivir favorece la formación de meandros, que aumentan la tortuosidad y el recorrido del río, van disminuyendo su profundidad por la sedimentación, dificultan la evacuación del agua hacia el mar y aumentan la posibilidad de desbordamientos en las crecidas. Anular los meandros del Guadalquivir era objetivo esencial para mejorar la navegación y prevenir las inundaciones.

 

Plano P1. Esquema de los ríos y arroyos que rodeaban la ciudad en el siglo XIX. En rojo las primeras derivaciones artificiales del Tagarete y Tamarguillo al río Guadaira.

 

Pero, las inundaciones de Sevilla no sólo las provocaban las crecidas del Guadalquivir, los arroyos que desembocan en él, como el Tagarete, Tamarguillo, o el río Guadaira, aunque algunos llevan habitualmente poco caudal, en épocas de lluvia conducen a veces masas torrenciales de agua que se desbordan de su cauce y ocupan la vega del Guadalquivir, afectando gravemente a la ciudad, especialmente el Tagarete y el Tamarguillo por su proximidad. Sirvan de ejemplo las inundaciones de 1948 o 1961, o en 1917 la del Guadaira, que se siguió de la crecida del propio Guadalquivir con nefastas consecuencias. Actuar sobre estos ríos era otro objetivo necesario en la lucha contra las inundaciones. 

 

E2. Arriba, inundaciones de marzo de 1892, grabado y fotografía de Triana. Abajo, la visita de Alfonso XIII a la ciudad tras las inundaciones de 1912, fotografía en el Prado de San Sebastián con la Fábrica de Tabacos y la Pasarela al fondo.

 

El Guadalquivir, Betis para los romanos o río Grande de los árabes (pronunciado al-wādi al-kabīr), es un río torrencial, y Sevilla se construyó en su orilla, entre meandros y ocupando su cauce, porque los romanos tenían su puerto en el centro de lo que hoy conocemos como casco histórico. La ciudad estaba situada a orillas de un doble brazo del río que los árabes desecaron para extender sus murallas hasta el cauce principal, aunque estudios más recientes parecen indicar que sólo existió un brazo que se trasladó tras fuertes inundaciones.

El Guadalquivir, a lo largo de los siglos, ha presentado recurrentemente crecidas extraordinarias entre períodos lluviosos moderados y períodos de sequía, que hacen pensar que todo está controlado, relajando la alerta y medidas preventivas de la población y sus gobernantes, hasta la inesperada llegada de la siguiente. Por las crecidas de las que se tiene mayor documentación, a partir del siglo XVI, los ciclos más frecuentes e intensos han tenido lugar en el período de mediados del siglo XVIII al XX.

En estas crecidas, el agua se desborda ocupando la vega de inundación o llanura aluvial en la que se encuentra la ciudad. La acumulación se ve favorecida por la lenta evacuación del río, sin pendiente en su largo y antiguo tortuoso recorrido hasta el Atlántico. A la salida de Sevilla, ya se encuentra al mismo nivel que el mar y muy influenciado por este motivo por las mareas. En condiciones normales, se mueve más volumen de agua hacia el interior por la pleamar que al exterior, con una carrera media en Sevilla de 2m. Incluso en Alcalá del Río, 20km río arriba, sube el nivel del agua.

 

E3. En muchos sitios de Sevilla se recuerda los niveles que alcanzó el agua en las inundaciones, como en la Torre del Oro, o en casas próximas a la calle Betis o la Alameda de Hércules, en el callejón de la Inquisición, etc. La última imagen mostrada es un azulejo de la calle Tomás de Ibarra, que indicaba la entrada al Hospital de la Stma. Caridad cuando no era posible usar la principal por el agua.

 

De las avenidas que tuvieron lugar a partir de 1875, fueron muy importantes (más de 7 metros sobre el considerado nivel cero), las de: 1876, 1877, 1881, 1885, 1887, 1888, 1892, 1895, 1902, 1912, 1917, 1924, 1925, 1926, 1936, 1940, 1947, superando algunas los 9m (1881, 1892). De 5 a 7m en: 1886, 1891, 1915, 1927, 1929, 1930, 1932, 1937, 1939, o en 1941. Y numerosas las consideradas bujarretes, con un caudal <3.000m3/s. Señalar que en ocasiones coincidieron varias crecidas en un mismo año, como en 1895 (6) o 1936 (4), y ciclos de años en los que se repitieron con mayor frecuencia, como de 1910 a 1919, o de 1924 a 1927.

 

Cambios en el Guadalquivir en busca de una solución

Incluimos las actuaciones realizadas en el cauce del Guadalquivir y sus arroyos o afluentes, que tuvieron lugar a partir del siglo XVIII. Estos cambios, sólo a la altura o en proximidad a la ciudad, fueron numerosos, se representan esquemáticamente sobre el plano inferior (P2), y se irán comentando en los siguientes apartados.

 

Plano P2. Cambios del Guadalquivir y sus arroyos en el entorno de Sevilla. En azul marino el cauce antiguo del Guadalquivir y en celeste los cauces artificiales añadidos. En amarillo y verde, igual para los arroyos y el río el Guadaira. En negro los cauces artificiales abandonados.

 

1. Primeras actuaciones en los arroyos en el siglo XVIII y XIX

Durante la construcción de la Real  Fábrica de Tabacos en el siglo XVIII, se canalizó el Tagarete en el subsuelo de la calle San Fernando. Con el impulso de la Feria un siglo más tarde, por las frecuentes inundaciones, se elevó el terreno del Prado de San Sebastián y se fue completanto la canalización soterrada del arroyo a su paso por la ciudad. Lo mismo ocurriría después con el Tamarguillo por la Exposición de 1929 y la expansión hacia el sur y el este de la ciudad.

Cuando se perdió la protección de barrera que ofrecían las murallas en la segunda mitad del siglo XIX, se fueron reforzando y creando nuevos malecones de tierra y diques de contención al norte de la ciudad, o en el cauce de los arroyos.

 

2. Primeras cortas del Guadalquivir río abajo (1795-1888)

Coincidiendo con un período de grandes inundaciones y la progresiva pérdida de calado en los meandros del río, a finales del siglo XVIII se realizaron las primeras cortas cuando la navegación estaba ya muy comprometida, uniendo los extremos de una o más curvas con un cauce artificial. Al mismo tiempo que se recortaba el recorrido y mejoraba la navegación por la ganancia de fondo, se favorecía el desagüe del río y disminuía la posibilidad de los desbordamientos.

La primera corta se realizó en 1795 a la altura de Coria del Río (P3), la Corta de Merlina del ingeniero Scipion Perosini. Con 600m de corta se evitaron 10Km de peligrosa navegación, que dependiendo de las mareas podía suponer un día para los grandes barcos por la pérdida de fondo. En 1816, con la Corta Fernandina o de Borrego, de aproximadamente 1,6Km de largo, se evitaron 16km de curvas, y en 1888 la Corta de los Jerónimos de 6,6 km, acortó en 13km el antiguo cauce que ahora delimita la Isla Mínima (P3).

Aunque estas cortas mejoraron la evacuación del río, no fueron suficientes para controlar los grandes caudales de agua que se producen cíclicamente río arriba y a la altura del casco urbano. Había que actuar en el cauce del río a este nivel, y esto no ocurriría hasta el siglo XX gracias a la Exposición Iberoamericana de 1929.

 

Plano P3. Cortas realizadas en el Guadalquivir. En la imagen de la izquierda, en azul el cauce actual y en amarillo las curvas libradas del cauce antiguo. Se ha añadido en verde el nuevo canal del río Guadaira finalizado en 1977. En la imagen de la derecha, las numerosas curvas del antiguo cauce apreciables en el mapa de Google. Abajo mapa de 1720 de Francisco Antonio Pizarro (Archivo del Puerto de Sevilla), y pintura anónima de 1760 de la escalera principal de la Casa Consistorial (www.patrimoniumhispalense.com).

 

3. Cambios en el Guadalquivir en el entorno de Sevilla

Diferenciamos tres fases fundamentales en los cambios próximos a la ciudad: la Corta de Tablada, la constitución de la Dársena en 1951, y su extensión y cambios posteriores (P4).

 

Plano P4. Principales etapas y fechas de inauguración de los cambios realizados en el Guadalquivir en el entorno de Sevilla.

 

3.1. La Corta de Tablada

La Corta de Tablada (1903-1926), fue la primera actuación sobre el cauce del Guadalquivir a la altura del casco urbano. Una prolongación artificial desde el codo de las Delicias, que volvía a enlazar con el río 6Km más al sur, salvando la Curva de los Gordales, la de Tablada y la Punta del Verde, acortando la navegación al puerto en 4Km (P5). Los trabajos se iniciaron en 1903 siguiendo el proyecto de Luis Molini para la Exposición Iberoamericana y fue inaugurada en 1926, junto a un nuevo puerto y el puente levadizo de Alfonso XIII, diseñado por José Delgado Brackenbury y conocido popularmente como el "Puente de Hierro" o "Puente Móvil". De esta forma, el puerto industrial, cuyas instalaciones eran ya a todas luces insuficientes y no prestaban un buen aspecto a la ciudad, se alejó del centro a su nueva y amplia ubicación.

 

Este doble brazo artificial del río fue fundamental, además de librar el meandro prácticamente obstruido de los Gordales y ampliar el puerto, permitiría posteriormente alejar el cauce vivo del río de la ciudad y aislar la Dársena del Guadalquivir, que se describe en el siguiente apartado.

 

Plano P5. Cauce antiguo del Guadalquivir y Corta de Tablada

 

E4. Corta de Tablada. Arriba, el antiguo cauce del río alrededor de 1928, se puede ver el inicio de la Corta de Tablada a la derecha de la imagen. Centro, la Corta de Tablada en construcción en 1925, con el Puente de Alfonso XIII preparado en la intersección con el río. A su derecha, vista desde el nuevo Puerto en 1929. Abajo, el día de la inauguración en 1926, con Alfonso XIII y los héroes del Plus Ultra a bordo del Buenos Aires.

 

3.2. La Dársena del Guadalquivir

Como ya se ha comentado, el primer paso para poder llevar a cabo la Dársena del Guadalquivir, fue la Corta de Tablada, que constituiría gran parte de la dársena inicial. José Delgado Brackenbury continuó el proyecto de Molini con la construcción de la Corta de la Vega de Triana, el Tapón de Chapina y la Esclusa, terminados en 1948, 1950 y 1951 respectivamente (P6).

 

Con la Corta de la Vega de Triana, demorada por problemas de financiación y la interrupción de la guerra civil, se alejó parte del cauce vivo eliminando las tres curvas más pronunciadas próximas al casco urbano, disminuyendo así la posibilidad de desbordamientos. Y por otro lado, se aisló la parte del cauce histórico en contacto con la ciudad unido a la nueva Corta de Tablada, con un tapón al norte (Chapina) y una esclusa al sur, el Canal de Alfonso XIII, una dársena  que permitía controlar con su esclusa el nivel de agua, a la vez que mejoraba la navegabilidad y el acceso al Puerto (P6). La longitud de la Dársena inicial era aproximadamente de 7km desde Chapina a la Esclusa, de los que 4km correspondían a la Corta de Tablada, más otros 2km de la Esclusa a la Punta del Verde.

 

 Durante las obras, la curva de los Gordales permaneció abierta un tiempo coincidiendo con la Corta de Tablada, como un doble cauce vivo. Tras su cierre y aterramiento, Triana quedó unida a Tablada por primera vez, y entre las dos se urbanizaría el barrio de Los Remedios. Precisamente el recinto de la Feria actual ocupa los terrenos de la antigua Curva de los Gordales, frente a la Avenida Molini y el Acuario, próximos al Puente de las Delicias. El aterramiento de Chapina también supuso la unión por tierra por primera vez entre Triana y Sevilla (P6 y E5).

 

Pero, el tapón de Chapina no fue bien visto por todos los sevillanos. Además de separar La Cartuja, aunque el cauce vivo del río continuaba en contacto con el norte del casco urbano, la proximidad de Chapina a la antigua Estación de Córdoba ocultó este tramo del río a la ciudad durante más de 40 años, inaccesible por el muro de la calle Torneo, un muro entre la ciudad, las vías del tren y el río (E5). Todo esto se remediaría con la siguiente actuación, la Corta de La Cartuja.

 

Plano P6. Dársena inicial del Guadalquivir

 

E5. Constitución de la Dársena. Arriba a la izquierda, fotografía aérea de la Corta de Tablada del vuelo de 1943 (CTFA, fototeca del IECA), con la Curva de los Gordales excluida. A su derecha, inicio del aterramiento de Chapina en 1950. Abajo, a la izquierda el aterramiento de Chapina, las vías del tren de la Estación de Córdoba y el muro de la calle Torneo. A la derecha, fotografía del "Vuelo Americano de 1956" (Centro Nacional Geográfico). Se puede distinguir el antiguo cauce seco en la parte inferior de la fotografía, donde se ubicará la actual Feria de Los Remedios.

 

3.3. La Corta de La Cartuja y la Corta de la Punta del Verde

 

En 1965 se concluyó la Corta de la Punta del Verde, salvando su pronunciada curva en las inmediaciones de la esclusa.

 

La Corta de La Cartuja (1975-1982), permitió añadir a la dársena el brazo de San Jerónimo (P7), el tramo del cauce histórico próximo a la ciudad que faltaba, trasladando el tapón o aterramiento de Chapina más al norte (Tapón de San Jerónimo), la Dársena pasó a tener cerca de 12Km de longitud hasta la antigua esclusa, controlando el nivel de agua de todo el cauce histórico próximo al casco urbano. Por otro lado, todo el cauce vivo del río quedó ya apartado de la ciudad y con un trayecto prácticamente recto, libre de las curvas que quedaban, salvo una pequeña angulación y una amplia curva centrada en la Punta del Verde, en la unión con el brazo de la esclusa (E6 y P7).

 

Gracias a la Corta de La Cartuja, y a la construcción de la nueva Estación de Santa Justa para la Expo´92, se recuperó para la ciudad el antiguo cauce del río y se delimitó el espacio donde se celebró la Exposición, la "Isla de La Cartuja", quedando de nuevo unida a Triana como un distrito más de Sevilla, comunicado con cuatro nuevos puentes con el resto de la ciudad y la perifería (E6). En el año 2010 se sustituyó la esclusa por otra de mayor calado 1,8Km más al sur, pasando la Dársena a tener unos 13,5km de largo (P7 y E8).

 

Plano P7. Extensión de la Dársena del Guadalquivir, Corta de La Cartuja

 

E6. Corta de La Cartuja. Arriba, a la izquierda fotografía del vuelo Interministerial de 1977, ya se habían iniciado las obras y se dibuja la Corta de la Cartuja en línea recta hacia el sur. A la derecha, vuelo Nacional de 1984, aterramiento de la Corta de Triana y Tapón de San Jerónimo, con el de Chapina aún cerrado. Abajo, vuelo de 2004 con el brazo de San Jerónimo incluido en la Dársena. En la fotografía de la derecha, vista desde el norte en 1995, con el cauce histórico a la izquierda y la Corta de La Cartuja con el cauce vivo y recto del Guadalquivir a la derecha.

 

4. Nuevas actuaciones en los arroyos y el río Guadaira, y nuevas cortas río abajo durante el siglo XX

En 1903 el Tagarete se desvió artificialmente hacia el Tamarguillo, y después ambos hacia el río Guadaira en 1929 (P1 y P2), liberando el terreno donde se celebraría la Exposición Iberoamericana. La actual Ronda del Tamarguillo se construyó sobre el antiguo cauce. Posteriormente,  ambos se desviarían para evitar la ciudad y la dársena al cauce vivo del río con el nuevo Canal del Tamarguillo (P2), pero a San Jerónimo al norte de la ciudad, y ya se está planificado otra canalización más al norte. 

 

El rió Guadaira, con la construcción de la Corta de Tablada pasó a desembocar en la misma, y concretada la Dársena, se canalizó para desembocar en la Punta del Verde en 1949 (imagen inferior E7). Tras las inundaciones de los años 60, por la disposición en ángulo recto del canal, como se puede ver en la imagen, y porque dificultaba la expansión de la ciudad y del Puerto, el río Guadaira fue finalmente desviado más al sur con el Nuevo Canal del río Guadaira de más de 20km de longitud, terminado en 1977, cuyo recorrido se ha señalado en el plano P3.

 

Tras las últimas inundaciones todo el esfuerzo se trasladaría a la construcción de muros de contención perimetrales, con una cota de 6 a 12m según la altura del terreno.

 

En el Guadalquivir, río abajo, se realizaron también nuevas cortas, la Corta de Los Olivillos en 1971 y  la Corta de La Isleta en 1972, próximas a la antigua Corta Fernandina (Plano P3 de las cortas).

 

E7. Vuelo Americano de 1956 (Centro Nacional Geográfico), a la izquierda el cauce vivo con la pronunciada curva de la Punta del Verde y la nueva corta en construcción, y a la derecha, la Dársena. Entre los dos, se puede ver la desembocadura original del río Guadaira en el Guadalquivir, que se trasladaría a la Corta de Tablada y posteriormente a la Punta del Verde como se ve en la imagen, aunque esta sería también desestimada.

 

5. El Canal de Sevilla-Bonanza

La mayor obra que se intentó realizar en el Guadalquivir, que finalmente se abandonó, fue el Canal Sevilla-Bonanza (E8), planificado en 1953, aprobado en el 64 y abandonado en 1975. Un canal artificial de 68km de largo, 10m de profundidad y 120m de ancho en superficie, que pretendía conectar el puerto de Sevilla con el puerto de Bonanza en Sanlúcar de Barrameda, evitando las condiciones cambiantes de navegación del río y la servidumbre de las mareas, previsto además de zonas industriales, carreteras y vías de ferrocarril a cada lado. Se abandonó tras la construcción del primer kilómetro y medio, y se perdió una oportunidad de desarrollo industrial para la región, aunque seguramente las repercusiones medioambientales y ecológicas atravesando las marismas del Guadalquivir hubieran sido importantes. En 1985 se unió a la Dársena el tramo construido para su uso portuario (E8). Visto superficialmente ahora y sumando los kilómetros de cortas realizadas, quizás el proyecto no era tan desorbitado como se pensó, sin tener en cuenta las repercusiones y las dificultades técnicas, claro.

 

E8. Vuelo Nacional de 1984, zona de la esclusa, la Corta de la Punta del Verde y el Canal Sevilla-Bonanza. Derecha, fotograma del Vuelo PNOA de 2013 con la nueva Esclusa.

 

6. Río arriba

Hay que resaltar, que estas medidas se acompañaron también de importantes obras río arriba, en el Guadalquivir y en sus afluentes, con la construcción de embalses y presas, como la de Alcalá del Río de 1930. Y el esfuerzo en la segunda mitad del siglo XX en este sentido fue grande tras las inundaciones de los años 60. Se añadieron 25 embalses y se cuadruplicó la capacidad existente, pero para poder tener el control en las crecidas el requerimiento es muy superior.

 

Además, encontrar un mecanismo de prevención ideal para las riadas es mucho más complicado de lo que se puede entrever en estas líneas, y retener más volumen de agua no parece ser una solución. El río ha perdido el 60% del aporte de agua dulce por los embalses y regadío, y necesita un caudal mínimo estimado en al menos cuatro veces más de lo que le llega actualmente para mantener su ecosistema, frenando la salinidad creciente por las mareas y la turbidez provocada por las presas y dragados. Además, también necesita un caudal mínimo para la navegación, la pérdida de caudal reduce la velocidad del río y aumenta la sedimentación perdiendo profundidad, además de favorecer la formación de meandros, lo que hace que se requieran continuos dragados. Las avenidas que se producen cíclicamente son un riesgo, pero devuelven parte de su equilibrio al río. Estos son algunos de los motivos por los que por ejemplo, no se ha permitido recientemente aumentar las zonas de regadío o realizar dragados de mayor profundidad que posibiliten la llegada de cruceros mayores a Sevilla.

 

 

 

Concretando

 

Con estas grandes obras hidraúlicas, hace más de 50 años que Sevilla no ha vuelto a tener inundaciones de gravedad que afecten el casco urbano, recibiendo en este tiempo caudales que en otras ciudades han provocado desbordamientos, pero evidentemente este control también tiene un límite, y la zona de mayor riesgo actual es el Aljarafe. Actualmente, el Guadalquivir a la altura de Sevilla, podría evacuar crecidas de 3.500m³/s, pero este número era superior hace unos años y ha decrecido por diferentes factores, incluida la relajación de la que hablábamos al principio y la expansión urbanística. Muchas de las grandes avenidas sufridas en el pasado han superado este volumen, consideradas crecidas moderadas o "bujarretes" (las inferiores a 3.000m3/s). Eso sí, el cauce vivo del río ya no se encuentra pegado y envolviendo a la ciudad con sus meandros (E9).

 

15 de marzo de 2019

 

E9. Ortofotos históricas PNOA, 2004 (Centro Nacional de Información Geográfica)

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