El Sitio
El Sitio

Las grandes avenidas del Guadalquivir y los cambios realizados en el cauce del río

Antecedentes

Aunque ya ni nos acordemos de las grandes inundaciones, la última que afectó seriamente a la ciudad fue hace más de 50 años, su incertidumbre condicionó siempre la vida de los sevillanos, porque se  presentaban inesperadamente con mayor o menor intensidad, y aleatoriamente de forma catastrófica.

 

Imagen E1. Crecida del Guadalquivir de 1947.

La ciudad se fundó a orillas de un río torrencial, pero saber que unos siglos antes el lugar estuvo sumergido en sus aguas, ayuda a comprender la lucha ancestral de la ciudad con las crecidas del Guadalquivir. 

Hace 6.000 años, tras el último ascenso del nivel del mar, el río Guadalquivir desembocaba en el Golfo Tartésico, que penetraba más de 100km de la línea de costa actual. Por la sedimentación en el estrecho de Caura (P1), entre Coria del Río y Dos Hermanas, se fue formando el delta de una nueva desembocadura del río, añadiendo a su influencia el extremo norte del Golfo (siglo X a.C.), el llamado lago Ligustinus o Ligur (P1). Por la colmatación de este lago, fueron emergiendo terrenos donde se construyeron nuevas ciudades, como la tartésica o turdetana Spal o Ispal, alrededor del siglo VIII a.C., en una de las islas o pequeña península alargada emergidas (P3). Con la dominación romana, Spal pasó a llamarse Hispalis en el año 206 a.C., sustituyendo las antiguas empalizadas de Spal por murallas de piedra ya en el siglo l a.C. (P3). Las dos ciudades contaron con su puerto a orillas del cauce del río.

El Golfo Tartésico, tras el descenso del nivel del mar y la sedimentación marina y fluvial, se fue cerrando parcialmente al mar  transformándose en las marismas del Guadalquivir entre el cuarto y el primer milenio a.C., y la desembocadura del río se trasladó a su emplazamiento actual en Sanlúcar de Barrameda. Por tanto, las marismas ya existían en tiempos de Spal y de Hispalis, con el transcurrir del tiempo progresivamente con menor lámina de agua e influencia marina. La evolución del Golfo Tartésico y localización de la ciudad, explica la escasa diferencia de altura respecto al nivel del mar de todo el Bajo Guadalquivir.

 

Plano P1. Evolución del Bajo Guadalquivir. Arriba e izquierda, Golfo Tartésico y Lacus Ligustinus dibujados en un mapa actual. A la derecha, evolución del Golfo Tartésico a las marismas del Guadalquivir tras su cierre por la sedimentación marina y fluvial. Distancias en línea recta aproximadas entre poblaciones actuales. Ver página siguiente "Formación del Bajo Guadalquivir".

 

Esta evolución, también ha permitido que Sevilla sea la única ciudad de interior del país con puerto, a pesar de los 124km de navegación que la separaban del mar, reducidos a 79km tras 200 años de obras en su cauce, entre 1795 y 1982. La importancia de la navegabilidad del Guadalquivir para la ciudad a lo largo de su historia es evidente, sobre todo en su época de esplendor del siglo XVI, cuando la trasformó en el centro del comercio marítimo con el nuevo mundo. Pero, estos beneficios que el río nos otorgó por vivir en su orilla, se acompañaron siempre de un gran inconveniente, sus imparables crecidas torrenciales.

 

Estas crecidas o "grandes avenidas del Guadalquivir", han sido el azote de Sevilla y la mayor preocupación de sus mandatarios durante siglos. A pesar de ello, en la segunda mitad del siglo XIX, se decidió derribar gran parte de las murallas, la única protección efectiva que tenía entonces la ciudad. Durante las crecidas la población se refugió siempre en su recinto amurallado, cerrando y protegiendo puertas y desagües para evitar la entrada de agua, hasta que el nivel exterior volvía a su cauce. Los arrabales extramuros, como San Bernardo, la Calzada, el Arenal o Triana, quedaban siempre desprotegidos, y tras la pérdida del recinto amurallado, toda la ciudad quedó expuesta.

 

En cualquier caso, con la rápida y gran expansión de la ciudad en el siglo XX, había que buscar otras formas de defensa que incluyeran las zonas históricamente desprotegidas y los nuevos barrios de la ciudad, y no sería fácil, ni barato. Sólo gracias a las dos grandes Exposiciones celebradas en Sevilla en 1929 y 1992, se pudo conseguir la inversión necesaria.

 

E2. Imágenes de inundaciones de Sevilla. Izquierda, el puente de San Telmo en 1947, y diversas instantáneas de la Torre del Oro y el Muelle de la Sal en 1947, 1900 y 1924. A la derecha otros sitios de la ciudad, como la Alameda de Hércules en 1947 y 1936,  la Estación de San Bernardo en 1961, o el campo del Betis en 1948 tras el desbordamiento del Tamarguillo.

 

Motivo de las inundaciones

Intervienen múltiples factores, algunos de ellos derivados de lo comentado anteriormente.

 

La escasa altura de la ciudad respecto al nivel del mar.

Sevilla se encuentra sólo a 7m de media de altura respecto al nivel del mar, 4m en la Alameda de Hércules y menor en algunos arrabales de la ciudad, las crecidas del río superaban estas alturas con frecuencia.

 

La falta de pendiente del Bajo Guadalquivir, los meandros y las mareas.

El Guadalquivir a la salida de Sevilla, en la Punta del Verde, ya se encuentra prácticamente al mismo nivel del mar en su largo recorrido por las marismas hasta el Atlántico. Esta falta de pendiente, reduce su velocidad y favorece la formación de meandros, que aumentan la tortuosidad y el recorrido del río (P1, E3), van disminuyendo su profundidad por la sedimentación, dificultan la evacuación del agua y en las crecidas aumentan la posibilidad de desbordamientos. En el siglo XVIII la navegación estaba ya muy comprometida por este motivo, actuar sobre los meandros era un objetivo esencial para mantener la navegación, pero también para prevenir las inundaciones.

La nula pendiente también determina que el río esté muy influenciado por las mareas, incidendo en su lámina de agua con una carrera media de 2m de altura en Sevilla. En condiciones normales es difícil apreciar corriente que fluya hacia el mar, es más bien este último el que penetra con la pleamar más arriba de Sevilla. Actualmente esta penetración está limitada por las barreras que constituyen desde 1930 la presa de Alcalá del Río, en el cauce vivo río arriba de Sevilla, y la esclusa de la Dársena desde 1951.

 

E3. Pintura anónima de 1760 de la Casa Consistorial (www.patrimoniumhispalense.com), que muestra los brazos y la maraña de meandros del antiguo Guadalquivir en su recorrido al mar desde Sevilla

 

P2. Esquema de los ríos y arroyos que rodeaban la ciudad en el siglo XIX.

 

Crecidas de los arroyos y afluentes próximos a la ciudad. 

Las inundaciones de Sevilla no sólo las provocaban las crecidas del Guadalquivir. Los arroyos que desembocan en el río cerca de la ciudad, como el Tagarete, el Tamarguillo, o el río Guadaira (P2), aunque algunos habitualmente no lleven mucho caudal, en épocas de lluvia conducen a veces masas torrenciales de agua que se desbordan de su cauce ocupando la vega del Guadalquivir, afectando gravemente a la ciudad, especialmente el Tagarete y el Tamarguillo por su proximidad. Sirvan de ejemplo las inundaciones de 1948 o 1961 por el desbordamiento del Tamarguillo, entonces unido al cauce del Tagarete, o en 1917 la del Guadaira, que se siguió de la crecida del propio Guadalquivir con nefastas consecuencias. Actuar sobre estos ríos fue otro objetivo necesario en la lucha contra las inundaciones. 

 

E4. Arriba, inundaciones de marzo de 1892, grabado y fotografía de Triana. Abajo, visita de Alfonso XIII a la ciudad tras las inundaciones de 1912, fotografía en el Prado de San Sebastián con la Fábrica de Tabacos y la Pasarela al fondo.

 

Las crecidas del Guadalquivir.

En cuanto a las crecidas del propio Guadalquivir, son las características de un río torrencial, y Sevilla se construyó en su orilla, ocupando su vega de inundación, e incluso su cauce, porque los romanos tenían su puerto en el centro del casco histórico almohade que ha llegado hasta nosotros. La ciudad romana, Hispalis, estaba situada a orillas de un doble brazo del río, que los árabes desecaron para extender sus murallas hasta el cauce principal (P3), aunque recientes estudios indican que sólo existió un brazo que se iría trasladando hacia el oeste tras fuertes inundaciones.

 

P3. Referencias geológicas y relación del cauce río y llanura aluvial con el casco histórico de la ciudad (murallas almohades en amarillo e Hispalis en blanco). La línea discontinua es el doble brazo o antiguo cauce comentado en tiempos de Hispalis. Obtenido de un gráfico de F. Borja.

 

Sevilla se encuentra en la zona de mayor incidencia de crecidas del Guadalquivir. Al agua del Alto y Medio Guadalquivir procedente de los afluentes de Sierra Morena por el norte y el Sistema Bético por el sur, a la altura de Sevilla se suman los del extremo occidental del Sistema Bético. Las crecidas dependientes de los afluentes de Sierra Morena son más rápidas y repentinas por su menor recorrido, y las del Sistema Bético, más predecibles o esperables porque tardan más en llegar, pero con las mismas consecuencias, y ambos orígenes pueden coincidir.

A partir de un caudal de 900-1.000m3/s (estado de bankfull), el agua se empieza a desbordar ocupando la vega de inundación o llanura aluvial en la que se encuentra la ciudad, con graves consecuencias cuando se superan los 4.000m3/s. 

 

E5. En muchos sitios de Sevilla se recuerda los niveles que alcanzó el agua en las inundaciones, como en la Torre del Oro, o en azulejos de casas próximas a la calle Betis y la Alameda de Hércules, zonas siempre muy afectadas. La última imagen de la derecha, es de la calle Tomás de Ibarra, que indicaba la entrada al Hospital de la Santísima Caridad cuando no era posible usar la principal por el agua.

 

Por las crecidas de las que se tiene mayor documentación, a partir del siglo XVI, los ciclos más frecuentes e intensos han tenido lugar desde mediados del siglo XVIII al siglo XX, con su pico máximo en el siglo XIX.

De 1875 a 1950, fueron muy importantes, superiores a 7 metros sobre el considerado nivel cero del río, las avenidas de: 1876, 1877, 1881, 1885, 1887, 1888, 1892, 1895, 1902, 1912, 1917, 1924, 1925, 1926, 1936, 1940, 1947, superando en ocasiones los 9m, como las de 1881 o 1892, que pudieron superar un caudal de 9.000m3/s. De 5 a 7m, también graves, fueron las de: 1886, 1891, 1915, 1927, 1929, 1930, 1932, 1937, 1939, o 1941. Y numerosas las de menos de 5m y las consideradas bujarretes o de un caudal inferior a 3.000m3/s. Señalar que en ocasiones coincidieron varias crecidas importantes en un mismo año, como las seis de 1895 o las cuatro de 1936, y ciclos en los que se repitieron con más frecuencia, como de 1910 a 1919, o de 1924 a 1927, prácticamente anuales.

 

La recurrencia de estas crecidas cíclicas extraordinarias, tienen lugar entre períodos lluviosos moderados, o períodos incluso de sequía, en los que se piensa que todo está ya controlado, relajando la alerta de la población y sus gobernantes, hasta la llegada inesperada de la siguiente riada. Como ocurrió por ejemplo tras las cortas del siglo XIX, y, sobre todo, tras la Corta de Tablada en 1926, que frenaron la frecuencia de los desbordamientos, pero no llegaron a controlarlos.

 

Cambios en el Guadalquivir en busca de una solución

Actuaciones y cambios realizados en el cauce del Guadalquivir y sus afluentes a partir del siglo XVIII. Estos cambios, sólo a la altura o en proximidad a la ciudad, han sido numerosos, y se representan esquemáticamente en el plano inferior (P2).

 

P4. Cambios del Guadalquivir y sus arroyos en el entorno de Sevilla. En azul marino el cauce antiguo del Guadalquivir y en celeste los cauces artificiales añadidos. En amarillo y verde, igual para los arroyos y el río el Guadaira. En negro los cauces artificiales abandonados.

 

1. Primeras actuaciones en los arroyos y primeras cortas en el Guadalquivir anteriores al siglo XX

 

Durante la construcción de la Real  Fábrica de Tabacos en el siglo XVIII, se canalizó el Tagarete en el subsuelo de la calle San Fernando. Con el impulso de la Feria, un siglo más tarde, se elevó el terreno del Prado de San Sebastián y se fue completanto la canalización soterrada del arroyo a su paso por la ciudad (tramo final de la línea discontinua del Tagarete en P4), por las frecuentes inundaciones y los problemas de salud que provocaba. Lo mismo ocurriría con el Tamarguillo, pero ya en el siglo XX con la expansión de la ciudad hacia el sur.

 

Cuando se perdió la protección de barrera que ofrecían las murallas en la segunda mitad del siglo XIX, se fueron reforzando y creando nuevos malecones de tierra y diques de contención al norte de la ciudad y en el cauce de los arroyos.

 

Primeras cortas río abajo en el siglo XVIII y XIX

Coincidiendo con un período de grandes inundaciones y la progresiva pérdida de calado en los meandros del río, a finales del siglo XVIII se realizaron las primeras cortas del Guadalquivir cuando la navegación estaba ya muy comprometida, uniendo los extremos de una o más curvas con un cauce artificial. Al mismo tiempo que se recortaba el recorrido y mejoraba la navegación por la ganancia de fondo y de arrastre del río, se favorecía el desagüe y disminuía la posibilidad de los desbordamientos.

La primera corta se realizó en 1795 a la altura de Coria del Río (P5), la Corta Merlina del ingeniero Scipion Perosini. Con 600m de corta se evitaron 10Km de peligrosa navegación. En 1816, con la Corta Fernandina o del Borrego, de aproximadamente 1,6Km de largo, se evitaron 16km de curvas, y en 1888 la Corta de los Jerónimos de 6,6 km, acortó en 13km el antiguo cauce que ahora delimita la Isla Mínima (P5).

Aunque estas cortas mejoraron la evacuación del río, no fueron suficientes para controlar los grandes caudales de agua que se producen río arriba a la altura del casco urbano. Había que actuar en el cauce del río a ese nivel, y esto no ocurriría hasta el siglo XX gracias a la Exposición Iberoamericana de 1929.

 

P5. Cortas realizadas en el Guadalquivir. En la imagen de la izquierda, en azul el cauce actual y en amarillo las curvas libradas del cauce antiguo. Se ha añadido en verde el nuevo canal del río Guadaira finalizado en 1977. En la imagen de la derecha, las numerosas curvas del antiguo cauce apreciables en el mapa de Google. Abajo mapa de 1720 de Francisco Antonio Pizarro (Archivo del Puerto de Sevilla).

 

2. Cambios en el Guadalquivir en el entorno de Sevilla

Diferenciamos tres etapas fundamentales en las actuaciones llevadas a cabo en el cauce del río próximo a la ciudad: la Corta de Tablada de 1926, la constitución de la Dársena en 1951, y su extensión  gracias a la Corta de la Cartuja de 1982 (P6).

 

P6. Principales etapas y fechas de inauguración de los cambios realizados en el Guadalquivir en el entorno de Sevilla.

 

2.1. La Corta de Tablada

La Corta de Tablada, fue la primera actuación sobre el cauce del Guadalquivir a la altura del casco urbano. Una prolongación artificial desde el codo de las Delicias, que volvía a enlazar con el río 6Km más al sur, salvando las dos curvas del meandro de los Gordales y la de la Punta del Verde, acortando la navegación al puerto en 4Km (P7). Deriva de un proyecto de 1859 que no llegó a ejecutarse tras las expropiaciones y se incluyó después en otro más amplio impulsado por la Exposición de 1929, el Plan de mejoras de la Ría del Guadalquivir y el Puerto de Sevilla de Luis Molini Uribarri. La Corta de Tablada se empezó a construir en 1909 y estaba previsto acabarla en 1914, pero no fue posible entre otros motivos por la I Guerra Mundial. Finalmente se inauguró en 1926 (E6), junto a un nuevo puerto y el puente levadizo de Alfonso XIII, conocido popularmente como el "Puente de Hierro", diseñado por José Delgado Brackenbury. De esta forma, el puerto industrial, cuyas deterioradas instalaciones eran ya a todas luces insuficientes y no daban un buen aspecto a la ciudad, se alejó del centro a su nueva y amplia ubicación en Tablada.

 

Este doble brazo artificial del río sería fundamental, además de librar el meandro prácticamente obstruido de los Gordales, permitiría después alejar el cauce vivo del río de la ciudad y aislar la Dársena del Guadalquivir, que se describe en el siguiente apartado.

 

P7. La Corta de Tablada

 

E6. La Corta de Tablada. Arriba, el antiguo cauce del río alrededor de 1928, se puede ver el inicio de la Corta de Tablada en el extremo de la derecha de la imagen. Centro, la Corta de Tablada en construcción en 1925, con el Puente de Alfonso XIII preparado en la intersección con el río. A su derecha, vista aérea desde el nuevo Puerto en 1929. Abajo, el día de la inauguración en 1926, con Alfonso XIII y los héroes del Plus Ultra a bordo del crucero argentino Buenos Aires.

 

2.2. La Dársena del Guadalquivir

Como se ha comentado, la Corta de Tablada fue el primer paso para poder llevar a cabo la Dársena del Guadalquivir, constituyendo gran parte de la misma. José Delgado Brackenbury fue el encargado de continuar el proyecto de Molini con la Corta de la Vega de Triana, el Tapón de Chapina y la Esclusa, terminados en 1948, 1950 y 1951 respectivamente (P8).

 

Con la Corta de la Vega de Triana, cuyos trabajos se iniciaron en 1929, pero estuvo interrumpida diez años por la guerra civil y la posguerra, se eliminaron tres de las curvas próximas al casco urbano, disminuyendo así la posibilidad de desbordamientos. Por otro lado, se aisló parte del cauce histórico en contacto con la ciudad con el aterramiento de Chapina al norte y la construcción de una esclusa al sur, el Canal de Alfonso XIII, una dársena que permitía controlar el nivel de agua próximo a la ciudad gracias a su esclusa (P8). La longitud de la Dársena inicial era de 7km desde Chapina a la Esclusa, de los que 4km correspondían a la Corta de Tablada, más otros 2km aproximadamente desde la Esclusa a la Punta del Verde.

 

Durante la construcción de la Corta de la Vega de Triana, la curva de los Gordales y el brazo de las Delicias permanecieron abiertos un tiempo coincidiendo con la Corta de Tablada, como un doble cauce vivo. Posteriormente se cerró en su intersección con el brazo de San Juan, y estaba previsto que este tramo permaneciera como un brazo cerrado de la dársena (E7), pero finalmente se decidió su aterramiento. Triana quedó así unida a Tablada por primera vez, y entre las dos se urbanizaría el barrio de Los Remedios. Precisamente el recinto de la Feria actual ocupa los terrenos de la antigua Curva de los Gordales, frente a la Avenida Molini y el Acuario. El aterramiento de Chapina también supuso la unión por tierra por primera y única vez entre Triana y Sevilla (P8 y E8).

 

Pero, el tapón de Chapina no fue bien visto por los sevillanos. Aunque parte del cauce vivo del río continuaba en contacto con el norte del casco urbano, la proximidad de Chapina a la antigua Estación de Córdoba ocultó todo este tramo de río a la ciudad durante más de 40 años, inaccesible por el muro de la calle Torneo, entre la ciudad, las vías del tren y el río (E8). Además La Cartuja se separó de Triana con la nueva corta y otro muro de contención. Todo esto se remediaría con la siguiente actuación, la Corta de La Cartuja.

 

E7. Pintura de Santiago Martínez de 1929 ,"Vista panorámica de Sevilla", encargado al autor para la Exposición Iberoamericana. En el proyecto, ya se incluía la dársena, la esclusa y la Corta de Triana, pero finalmente se suprimió el brazo cerrado entre Triana y Tablada, lugar ocupado actualmente por la Feria de los Remedios.

 

P8. Dársena inicial del Guadalquivir. La Corta de Tablada permitió alejar parte del cuace vivo del Guadalquivir con la construcción de la Corta de la Vega de Triana, y aislar la Dársena del Guadalquivir en contacto con la ciudad.

 

E8. Constitución de la Dársena. Arriba a la izquierda, fotografía aérea de la Corta de Tablada del vuelo de 1943 (CTFA, fototeca del IECA), con la Curva de los Gordales ya excluida del cauce. A su derecha, inicio del aterramiento de Chapina en 1950. Abajo, a la izquierda el aterramiento de Chapina, las vías del tren de la Estación de Córdoba y el muro de la calle Torneo. A la derecha, fotografía del "Vuelo Americano de 1956" (Centro Nacional Geográfico). Se distingue el antiguo cauce seco en la parte inferior de la fotografía, donde se ubicará la actual Feria de Los Remedios.

 

2.3. La Corta de La Cartuja y la Corta de la Punta del Verde

 

En 1965 se concluyó la Corta de la Punta del Verde, salvando su pronunciada curva en las inmediaciones de la esclusa.

 

La Corta de La Cartuja (1975-1982), un proyecto de Mariano Palancar Penella, permitió añadir a la dársena el brazo de San Jerónimo (P9), el tramo del cauce histórico próximo a la ciudad que faltaba, trasladando el tapón o aterramiento de Chapina más al norte (Tapón de San Jerónimo). A diferencia del tapón de Chapina, en el de San Jerónimo existen conducciones subterráneas con el cauce vivo.

La Dársena pasó a tener cerca de 12Km de longitud hasta la antigua esclusa, controlando el nivel de agua de todo el cauce histórico próximo al casco urbano. Por otro lado, el cauce vivo del río quedó ya apartado de la ciudad y con un trayecto prácticamente recto, libre de las curvas que quedaban, salvo una pequeña angulación y una amplia curva centrada en la Punta del Verde, en la unión con el brazo de la esclusa (E9 y P9).

 

Gracias a la Corta de La Cartuja, y a la construcción de la nueva Estación de Santa Justa para la Expo´92, se recuperó para la ciudad el antiguo cauce del río y se delimitó el espacio donde se celebraría la Exposición, la "Isla de La Cartuja", quedando de nuevo unida a Triana como un distrito más de Sevilla, comunicado con cuatro nuevos puentes con el resto de la ciudad y la perifería (P9 y E9). En el año 2010 se sustituyó la esclusa por otra de mayor calado 1,8Km más al sur (E11), pasando la Dársena a tener unos 13,5km de largo.

 

P9. Corta de la Cartuja y extensión de la Dársena del Guadalquivir

 

E9. Corta de La Cartuja. Arriba, a la izquierda fotografía del vuelo Interministerial de 1977, ya se habían iniciado las obras y se dibuja la Corta de la Cartuja en línea recta hacia el sur. A la derecha, vuelo Nacional de 1984, aterramiento de la Corta de Triana y Tapón de San Jerónimo, con el de Chapina todavía cerrado. Abajo, vuelo de 2004 con el brazo de San Jerónimo incluido en la Dársena. En la fotografía inferior de la derecha, vista de La Cartuja desde el norte en 1995, con el cauce histórico a la izquierda y la Corta de La Cartuja con el cauce vivo del Guadalquivir a la derecha.

 

3. Nuevas actuaciones en los arroyos y en el río Guadaira, y nuevas cortas río abajo en el siglo XX

En 1903 el Tagarete se desvió artificialmente hacia el Tamarguillo, y después ambos hacia el río Guadaira en 1929 (P4), liberando el terreno donde se celebraría la Exposición Iberoamericana. La actual Ronda del Tamarguillo se construyó sobre el antiguo cauce. Posteriormente, para evitar la ciudad y la dársena, ambos se desviarían a San Jerónimo con el nuevo Canal del Tamarguillo (P4), al cauce vivo del río al norte de la ciudad, y ya está planificada otra canalización todavía más al norte. 

 

El rió Guadaira, con la construcción de la Corta de Tablada pasó a desembocar en la misma, y una vez concretada la Dársena se canalizó para desvincularlo hacia la Punta del Verde en 1949 (E10), pero esta no sería su última ubicación. Tras las últimas inundaciones de los años 60, ya realizadas la Corta de la Vega de Triana y la Dársena, todo el esfuerzo se trasladó a la construcción de muros de contención perimetrales, con una cota de 6 a 12m según la altura del terreno, y el río Guadaira fue finalmente desviado más al sur con el Nuevo Canal del Guadaira, de más de 20km de longitud, terminado en 1977 (el recorrido se ha señalado en el plano P5), por la disposición en ángulo recto del anterior canal (E10), y porque dificultaba la expansión de la ciudad y trabajos del Puerto.

 

Río abajo, se realizaron también nuevas cortas, la Corta de Los Olivillos en 1971 y  la Corta de La Isleta en 1972, próximas a la antigua Corta Fernandina (P5).

 

E10. Vuelo Americano de 1956 (Centro Nacional Geográfico), a la izquierda el cauce vivo con la pronunciada curva de la Punta del Verde y la nueva corta en construcción, y a la derecha, la Dársena. Entre los dos cauces, se puede ver la desembocadura original del río Guadaira en el Guadalquivir, que se trasladaría primero a la Corta de Tablada y posteriormente a la Punta del Verde como se ve en la fotografía, aunque este canal sería también desestimado.

 

4. Actuaciones río arriba

Hay que resaltar, que estas medidas se acompañaron también de importantes obras río arriba, en el Guadalquivir y en sus afluentes, con la construcción de embalses y presas, como la de Alcalá del Río en 1930. Y el esfuerzo en este sentido fue enorme en la segunda mitad del siglo XX, tras las últimas inundaciones de los años 60 se añadieron 25 embalses y se cuadruplicó la capacidad existente, pero para poder tener el control en las crecidas el requerimiento sería muy superior, y no parece ser la solución porque podría determinar más problemas a un río ya comprometido por su escaso caudal habitual.

 

5. El Canal de Sevilla-Bonanza

La mayor obra que se intentó realizar en el Guadalquivir, que finalmente se abandonó, fue el Canal Sevilla-Bonanza (E11), planificado en 1953, aprobado en el 64 y abandonado en el 75. Un canal artificial de 68km de largo, 10m de profundidad y 120m de ancho en superficie, que pretendía conectar el puerto de Sevilla con el de Bonanza en Sanlúcar de Barrameda, evitando las condiciones cambiantes de navegación del río y la servidumbre de las mareas, provisto de zonas industriales, carreteras y vías de ferrocarril a cada lado del cauce. Se abandonó tras la construcción del primer kilómetro y medio, y se perdió una oportunidad de desarrollo industrial para la región, aunque las repercusiones medioambientales y ecológicas atravesando las marismas del Guadalquivir hubieran sido importantes. En 1985 el tramo construido se unió a la Dársena para uso portuario (E9 y E11).

 

E11. Vuelo Nacional de 1984, zona de la esclusa, la Corta de la Punta del Verde y el Canal Sevilla-Bonanza. Derecha, fotograma del Vuelo PNOA de 2013 con la nueva Esclusa.

 

 

 

Concretando

Con las impresionantes obras realizadas en el cuace del río durante el siglo XX, hace más de 50 años que Sevilla no ha tenido inundaciones graves que afecten al casco urbano. Pero este control también tiene su límite, la zona de mayor riesgo actual es el Aljarafe en contacto con el cauce vivo. El Guadalquivir a la altura de Sevilla, tiene capacidad, y está evacuando, crecidas de 3.500m³/s sin problemas. Pero este número era superior hace unos años y ha decrecido por diferentes factores, incluida la expansión urbanística y la relajación de la que hablábamos al principio cuando parece que todo está controlado. ¿Quiere esto decir que crecidas superiores a este volumen, como muchas de las sufridas en el pasado, podrían provocar inundaciones? Así es, y así ocurrió por ejemplo en el año 2010, afortunadamente el cauce vivo del río está perimetrado y ya no se encuentra pegado y envolviendo a la ciudad con sus meandros (E9, E12), pero crecidas extraordinarias de presentación esporádica podrían desbordar estas defensas.

 

Encontrar un mecanismo óptimo para controlar las crecidas sin que se vean afectadas otras zonas, o el propio ecosistema del río, es más complicado de lo que se puede entrever en estas líneas, porque las avenidas que se producen cíclicamente suponen un gran riesgo, pero son un sistema de control natural que devuelve el equilibrio al río.

La intervención humana ha contribuido a la pérdida de un 60% del aporte de agua dulce, la mayor parte por los embalses, y el río necesita un caudal mínimo para mantener, por un lado su equilibrio ecológico, y por otro la navegabilidad. En los últimos años se ha incrementado notablemente la salinidad y la turbidez del agua en el Bajo Guadalquivir, factores determinantes para su ecosistema. La primera, por el menor aporte de agua dulce, la nula pendiente del cauce y el empuje ascendente de las mareas, este último favorecido por las cortas y menor recorrido del río. La segunda, la turbidez, aunque los estudios actuales no llegan a una clara conclusión unánime, se está perpetuando y compromete seriamente la vida en el río, probablemente intervengan las mareas, el uso de presas y centrales hidroeléctricas, o los dragados para mantener la navegabilidad. Este deterioro y la mayor concienciación del problema ha motivado, por ejemplo, que no se permitiera recientemente aumentar las zonas de regadío o realizar dragados más profundos que posibiliten la llegada a Sevilla de cruceros mayores. 

 

 

15 de marzo de 2019

 

E12. Ortofotos históricas PNOA, 2004 (Centro Nacional de Información Geográfica)

Páginas:

Mapa del Sitio y otros accesos a pie de página