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Formación del Bajo Guadalquivir y las marismas

Datos de apoyo a la página "Avenidas del Guadalquivir", una revisión sobre las etapas de la formación del Bajo Guadalquivir, buscando su relación con la historia de la ciudad y navegabilidad del río.

 

 

La Depresión del Guadalquivir

La Depresión Bética o Depresión del Guadalquivir (E1), es una depresión entre el macizo Ibérico de Sierra Morena y los Sistemas Béticos del sur, que se elevaron en un plegamiento del Mioceno (5-23 millones de años).

Inicialmente un brazo de mar entre estas dos placas comunicaba el Atlántico con el Mediterráneo, el Estrecho Bético (E2), que se fue colmatando por la sedimentación marina cerrando el extremo este del Mediterráneo. El resto de la depresión, que recibe el agua de los ríos de Sierra Morena desde el norte y los Sistemas Béticos desde el sur, conformó el cauce del Guadalquivir y su desembocadura en el Atlántico.

 

E1. Valle del Guadalquivir

 

E2. Reconstrucción paleogeográfica de Europa y la Península Ibérica en el Mioceno

 

El Golfo Tartésico

Tras el último ascenso del nivel del mar hace 6.000 años, el río Guadalquivir desembocaba en el Golfo Tartésico o Sinus Tartessii (E3). El mar cubría el actual Bajo Guadalquivir y se extendía más de 100km al interior considerando la línea actual de costa, hacia Villanueva del Río.

El Golfo, de unos 60km de ancho, se estrechaba a la altura de Caura y Orippo (Coria del Río y Dos Hermanas), prolongándose hacia el norte entre los terrenos más elevados del Aljarafe y los Alcores, que formaban parte del litoral (4000 a 1000 años a.C.). Sevilla se encuentra entre ambos, y el lugar estaba sumergido en el mar (E3). 

 

E3. Golfo Tartésico dibujado en mapas actuales.

 

Lacus Ligustinus, fundación de Spal y de Hispalis

Por la sedimentación en el Estrecho de Caura, se fueron organizando islas de arena formando un nuevo delta y desembocadura del río, que aislaría el norte del Golfo Tartésico incorporándolo al régimen del Guadalquivir, el llamado Lacus Ligustinus o Ligur (E4), alrededor del siglo X a.C.

 

Este Lago Ligustino, bajo la influencia fluvial se fue colmatando por el arrastre del río y sedimentación, y emergieron terrenos donde se construyeron nuevas ciudades, entre las que se encuentra la tartésica y turdetana Spal o Ispal, en el siglo VIII a.C., en una de las islas emergidas unos 12km al norte de Caura (correspondería a la zona más alta del centro histórico de la ciudad actual).

Todavía se discute si en su origen, Spal fue fenicia o tartésica, pero lo que está claro es que por la riqueza local y su puerto de mar, era un enclave muy importante y codiciado. A partir del siglo VI a.C., con la supremacía del comercio griego, comienza la decadencia de tartesios y fenicios, y prevalecen en Spal los turdetanos locales, y en el siglo III a.C. los cartagineses ocuparon el sur y el este de la península en su competencia con Roma.

 

Tras la derrota y expulsión de los cartagineses por los romanos en el año 206 a.C. (2a guerra púnica), Escipión fundó Itálica en el Aljarafe, unos 8Km al noroeste de Ispal, y esta última tras la ocupación se latinizó en "Hispalis", ya en tierra firme sobre una pequeña península (E5). En el año 45 a.C. Julio César, tras acabar con los partidarios de Pompeyo en la ciudad, fundó la Colonia Romula Hispalis con pleno derecho de ciudad romana, y sustituyó las antiguas empalizadas de Spal por las murallas de piedra que conocemos (siglo I a.C.).

Itálica era más elitista y residencial, Hispalis más comercial y puerto intermedio entre Gades y Corduba, la capital Bética. En el siglo I a.C., según los textos antiguos, ya existían unos astilleros en Hispalis, y en los siglos I y II d.C. el puerto estaba en pleno rendimiento con las grandes embarcaciones romanas del comercio mediterráneo, y otras intermedias que se utilizaban para navegar río arriba hasta Ilipa (Alcalá del Río). Desde este punto el río seguía siendo navegable hasta Corduba (unos 200km río arriba), gracias a barcazas adaptadas y obras de ingeniería, y en los meses de mayor caudal posiblemente más allá de Isturgi (Andújar), hacia Cástulo. La ciudad de Hispalis iría cobrando importancia gracias a su puerto y a la industria y el comercio que este generó con los productos de la vega del Guadalquivir, especialmente su apreciado aceite.

 

E4. Golfo Tartésico y Lago Ligustinus o Ligur. Evolución con el cierre del Golfo por la sedimentación y su transformación en las marismas del Bajo Guadalquivir, dibujado en mapas actuales siguiendo los gráficos del Profesor Francisco José Barragán. 

 

En estos siglos, tras la fundación de Spal e Hispalis, el Lago Ligustinus continuaba su transformación por la colmatación, apareciendo terrenos pantanosos entre lagunas y marismas, que irían estrechando el cauce. Este terreno arenoso inestable podría explicar que, a pesar de la importancia que llegó a tener la Bética en el Imperio Romano, al que Itálica dió dos de sus más grandes emperadores, y a pesar del nivel de su ingeniería y de las grandes obras realizadas, los romanos no llegaron a construir ningún puente sobre el río en este entorno. Hasta la construcción del Puente de Barcas árabe de 1171, no hubo ningún puente en el Bajo Guadalquivir que comunicara las dos orillas, y durante 7 siglos el de Barcas fue el único de la ciudad, hasta su sustitución por el Puente de Isabel II o Puente de Triana, ya en el siglo XIX (1852).

 

Los restos de estas ciudades de las que deriva Sevilla, Spal e Hipalis, se encuentran debajo de la zona más elevada del casco histórico de la ciudad, pero el cauce del río discurría entonces más al este. Para hacernos una idea, desde la Alameda de Hércules a la Puerta de Jerez, pasando por la Campana, Sierpes o la Avenida de la Constitución. El puerto romano, por tanto, se encontraba en el centro de la ciudad amurallada almohade que ha llegado hasta nosotros.

Este antiguo cauce se trasladaría a su situación actual tras fuertes inundaciones, y los árabes hicieron lo mismo con sus murallas, trasladarlas hasta la orilla para ampliar la ciudad y proteger su puerto, ocupando más llanura aluvial del Guadalquivir (E5).

 

E5. Referencias geológicas y relación del cauce del río y su llanura aluvial con el casco histórico de la ciudad (muralla almohade en amarillo). La línea azul discontinua es el antiguo cauce del río de la época romana. Hispalis se construyó en una península de las terrazas fluviales, entre la llanura aluvial del Guadalquivir y la del Tagarete (hemos señalado en rojo su ubicación aproximada). Obtenido de un gráfico del investigador F. Borja Barrera.

 

Algunos autores también localizan a la mítica o enigmática Tartessos en esta zona, o en una de las islas del delta del estrecho de Caura, entre otros muchos lugares sugeridos en los numerosos trabajos de los investigadores entre Cádiz y Huelva. Aunque no todos reconocen su existencia real, pero su interés ha contribuido sin duda al estudio arqueológico y geológico del Bajo Guadalquivir.

 

Transformación del Golfo Tartésico

La evolución del extenso Golfo Tartésico hasta transformarse en las actuales marismas del Guadalquivir (E7), duraría miles de años. Debió iniciarse entre el 4.000 y 1.500 a.C., y se completaría en el primer milenio d.C.

Con el viento y el arrastre de las mareas, se fue formando una flecha o barrera litoral de arena, e islas que al confluir completarían la línea de costa actual, la Barra de Doñana o Sanlúcar y el canal de Sanlúcar (E6, E7). 

 

E6. Formación de la barrera litoral de Doñana

 

Evidentemente, la sedimentación marina, fluvial y eólica, que llevarían a la colmatación del fondo del Golfo, se iniciaron mucho antes de completarse la barrera de Doñana, y continuó mientras aparecía y se secaba el Lago Ligustinus, pero, según las catas geológicas de los terrenos, el cierre al mar y el predominio del régimen fluvial alrededor del siglo I d.C., fue lo que aceleró la colmatación y la transición final de ensenada marina a albufera marina y marisma mareal. La intervención humana también contribuyó a la  aceleración del proceso erosivo y sedimentario tras desaparecer muchos de los bosques de la cuenca del Guadalquivir en la época romana.

El resultado tras la colmatación, una extensa llanura de 2.000km2 con el cauce del río dividido en tres tortuosos brazos (Principal o de Enmedio, de la Torre y del Este), delimitando en su trayecto islas y zonas inundables, entre lagunas, arroyos y conexiones fluviales, todos condicionados por el entrante de las mareas (E7).

 

Resaltamos que el Lago Ligustinus y el Golfo Tartésico son considerados actualmente dos entidades distintas que coincidieron en el tiempo. El lago Ligustinus según las investigaciones no tuvo nada que ver con las marismas actuales del Guadalquivir, ni se localizó en este lugar como se pensaba, es un error ampliamente difundido derivado de la interpretación de textos antiguos. 

 

E7. Gráfico coloreado del libro de 1920 "Tartessos", de Adolf Schulten. Se ha retirado el rótulo que nombraba Lago Ligustinus a las marismas para evitar confusiones.

 

 

Los cambios del Bajo Guadalquivir  y la navegabilidad en relación con la evolución histórica de Sevilla

 

Otra confusión frecuente, es en qué momento histórico de la ciudad sucedieron los distintos cambios del Bajo Guadalquivir. La situación respecto al mar y el río que vivieron los fenicios, tartésicos, turdetanos, romanos, visigodos, árabes y castellanos.

 

Spal, fenicios, tartesios y turdetanos

Cronológicamente, primero el mar y después el Lago Ligustinus (E8A y E8B)cubrían la zona donde se fundaría la ciudad de Spal en el siglo VIII a.C. (E8C), en una isla del Lago Ligustinus muy próxima al mar abierto.

 

Anteriores a Spal, los tartesios y fenicios eran los pobladores de la costa del Golfo Tartésico (E8B). En la época de Spal, excepto por la flecha litoral o las islas de arena que se formaban en la entrada del Golfo Tartésico, la navegación por el estuario también debió ser libre hasta el estrecho de Caura y el delta de la antigua desembocadura del Guadalquivir (E8C).

 

E8 (A,B,C,D). Extraordinarios y aclaratorios gráficos del Profesor Francisco José Barragán de la Rosa, mapas geológicos de la evolución del estuario del Guadalquivir

http://personal.us.es/fcojose/entornodetartessos.htm

 

Hispalis, época romana

Los romanos ocuparon Spal al final del siglo III a.C. (206 a.C.), ya en tierra firme y todavía próxima al mar, con la desembocadura del río en Caura. No obstante, en el siglo I d.C., constatado por los estudios geológicos como ya se ha comentado, se aceleraría la colmatación del antiguo Golfo Tartésico al avanzar la barrera litoral de Doñana. La colmatación se iría haciendo evidente primero de norte a sur (desde Coria hacia Sanlúcar), apareciendo las islas entre los brazos y ramales del río al sur de Caura, y progresivamente irían surgiendo zonas de marismas a cada lado, las de Lebrija al este y las de Doñana al oeste, que estrecharían progresivamente la ensenada (E8D).

Por tanto, en relación a la navegación en la época de Hispalis, la pérdida progresiva de profundidad de la laguna iría limitando la navegación libre por la misma de las embarcaciones de mayor calado dependiendo de las mareas, y posteriormente la navegación se iría confinando entre las islas que iban surgiendo al sur de Caura (E8D). Al avanzar la barrera litoral de Doñana y la colmatación, el cauce se iría estrechando y finalmente la navegación sólo sería posible por los brazos del río (E9). Aunque es complicado precisarlo, la etapa de transición y limitación progresiva de la navegación por el estuario, debió empezar a ser evidente en el último tercio de la dominación romana (siglos III y/o IV d.C.), y en la época árabe ya estaría confinada al cauce del río.

 

Hay que tener en cuenta que el caudal del río era mayor que el actual, y no se conoce con precisión su antiguo recorrido, aunque los estudios geológicos actuales lo van delimitando. Los cambios a lo largo de la historia han sido constantes, sobre todo en el entorno de Sevilla y las marismas por su menor pendiente, que favorece los cambiantes meandros y las rectificaciones en las crecidas.

 

El nuevo estuario se representaba en los mapas como una larga y amplia escotadura en la costa desde Sanlúcar de Barrameda hasta Sevilla, con algunas islas en su trayecto, y todavía se representaba así en algunos mapas del siglo XV-XVI (E14).

 

E9. Mapa actual del Bajo Guadalquivir, antiguos meandros y sus tres brazos: el principal, el Brazo de la Torre y el Brazo del Este.

 

Unos breves apuntes sobre el río Guadalquivir y la navegabilidad en los siglos posteriores

Tras los visigodos (siglos V-VII), y su Spalis, capital inicial del imperio, con la llegada de los árabes en el siglo VIII, se completó la barrera litoral de Doñana y la colmatación de la laguna, continuando las marismas su evolución. La navegación estaría confinada al cauce del río, más  caudaloso que el actual, permitiendo la llegada al puerto de Isbiliya de los barcos árabes, y en ocasiones también de invasores como los vikingos, que saquearon la ciudad en el siglo IX. Tras derrotarlos, Abb al-Rahman II refortificó la ciudad, creó una red de vigilancia del río, mandó construir unos astilleros (atarazanas), y creó una flota de defensa. Isbiliya, de depender del califato de Córdoba, pasó a ser la capital de uno de los reinos de taifas y posteriormente del al-Andalus almohade. En esta última época se construyó el puente de Barcas (siglo XII), una barrera para la navegación río arriba.

 

E11. Rendición de Isbiliya a Fernando III el Santo

 

 

La Reconquista de Sevilla por Fernando III en el siglo XIII (1248), se llevó a cabo gracias a Rui Pérez y la flota de Ramón de Bonifaz del norte de Castilla. Remontaron el Guadalquivir venciendo a las naves árabes y rompieron el Puente de Barcas y las cadenas que cerraban el río, completando el cerco de la ciudad que obligó a su rendición. Fernando III nombró a Bonifaz almirante de la primera marina de guerra castellana. Tras la muerte de Fernando III, su hijo Alfonso X, ordenó la edificación de las Reales Atarazanas de Sevilla en 1252 para construir las naves necesarias, y Sevilla se convirtió así en la sede de la Armada Castellana, predecesora de la Española tras la unificación de los Reyes Católicos.

 

E10. Del éxito de la gesta de Bonifaz deriva esta curiosidad; muchas poblaciones de Cantabria y Asturias representan en sus escudos la Torre del Oro y las cadenas, incluso el de la Comunidad Cántabra.

 

Tras el Descubrimiento de América Magallanes y Elcano partieron de la ciudad en 1519 para dar la primera vuelta al mundo. Era el siglo XVI, el de mayor esplendor del Puerto de Sevilla por el monopolio del comercio con el nuevo mundo. Pero la dificultad de la navegación por el Guadalquivir, cada vez más penosa y peligrosa para los grandes navíos que venían cargados de América, decidió centralizar estas operaciones en el Puerto de Cádiz al finalizar el siglo XVII. El hundimiento económico posterior de Sevilla y despreocupación por el río, llevaron a comprometer seriamente la navegación, hasta que, influenciado por las inundaciones de Sevilla, se empezaron a realizar las primeras Cortas del río a finales del siglo XVIII. La Corta de Tablada y el nuevo Puerto en el siglo XX, devolvió a este gran parte de la importancia que nunca debió perder. ¿Podrá mantenerla?

Actualmente, eliminados los principales meandros del río tras 200 años de obras en su cauce, se requieren dragados periódicos de mantenimiento para preservar la navegabilidad por la sedimentación, pero los mayores buques de nuestro tiempo necesitarían dragados de profundidad, no permitidos para no dañar el ecosistema del río.

 

E12. Grabado del siglo XVI

 

E13. Recreación de Arturo Redondo de la ciudad en el siglo XVI (El Arenal), con motivo del V° Centenario de la primera vuelta al mundo

 

E14. En mapas del siglo XV, e incluso algunos del XVI, todavía se representaba la línea de costa y desembocadura del guadalquivir con una ancha escotadura hasta Sevilla

 

E15. Detalle de un mapa francés de Andalucía del siglo XVIII

 

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